El diario ABC ha dedicado un amplio reportaje al proyecto de investigación desarrollado por la arquitecta Rosa Cervera para integrar microalgas en elementos arquitectónicos y urbanos. Bajo el título «La arquitectura que aprende a respirar y convierte su fachada en ecosistema», la publicación analiza una experiencia pionera que transforma superficies tradicionalmente pasivas en auténticas infraestructuras biológicas.
El proyecto se desarrolla en la sede de la Empresa de Servicios Municipales de Alcorcón (ESMASA) y está liderado por Rosa Cervera junto al profesor Francisco Javier Sánchez Alejo, de la Universidad Politécnica de Madrid, con la participación de investigadores de las universidades de Alcalá y Almería.
La intervención incorpora una fachada bioactiva y tres árboles artificiales equipados con fotobiorreactores, capaces de cultivar microalgas, capturar dióxido de carbono, liberar oxígeno y producir biomasa.
Arquitectura inspirada en los procesos naturales
El reportaje de ABC pone de relieve una de las líneas de trabajo que Rosa Cervera lleva desarrollando desde hace décadas: la aplicación de estrategias procedentes de la naturaleza a la arquitectura.
«La naturaleza es un ejemplo de eficacia y sostenibilidad y podemos trasladar las estrategias de las formas naturales a la arquitectura».
El sistema parte del funcionamiento de las microalgas, organismos que requieren fundamentalmente agua, luz solar, nutrientes y dióxido de carbono para desarrollarse. Mediante la fotosíntesis absorben CO₂, liberan oxígeno y generan biomasa, lo que permite convertirlas en un recurso integrado en el propio edificio.
La investigación traslada así a la arquitectura una tecnología utilizada hasta ahora fundamentalmente en el ámbito industrial: los fotobiorreactores.
Captura de CO₂ y generación de nuevos recursos
Las microalgas crecen dentro de un circuito controlado integrado en la fachada. Según explica Rosa Cervera en la información publicada por ABC, el sistema genera aproximadamente 400 kilos anuales de biomasa, que puede aprovecharse para producir energía o nuevos materiales.
En el caso de Alcorcón, esta biomasa se emplea como fertilizante biológico para zonas verdes y huertos urbanos próximos.
El funcionamiento del conjunto permite eliminar alrededor de 370 kilos de CO₂, a los que se añaden aproximadamente otros 60 kilos derivados de la sustitución de fertilizantes químicos por el biofertilizante generado por el propio sistema.
De esta forma, la arquitectura deja de limitarse a reducir su impacto ambiental para comenzar a desempeñar un papel activo en la captura de carbono y en la producción de recursos.
Árboles artificiales para ciudades densamente urbanizadas
La fachada se complementa con tres árboles artificiales que incorporan sus propios fotobiorreactores.
Estos elementos permiten introducir sistemas fotosintéticos en zonas donde la plantación de árboles convencionales resulta difícil por falta de suelo, espacio para raíces u otras limitaciones urbanas.
«Un árbol necesita suelo, raíces, espacio, agua y mantenimiento. Las microalgas, en cambio, pueden cultivarse en sistemas compactos integrados en edificios o elementos urbanos, contribuyendo a la descarbonización de ciudades densamente urbanizadas», explica Cervera.
Todo el sistema —fachada y árboles— utiliza unos 2.500 litros de agua en circuito cerrado, con recuperación del recurso para su posterior empleo en riego y con la posibilidad futura de incorporar aguas grises.
Esta concepción responde a la idea de ciudad como ecosistema que Rosa Cervera viene defendiendo desde hace años: edificios, espacios urbanos, barrios y territorio entendidos como partes interrelacionadas de un mismo sistema.
Un sistema sometido a condiciones reales
Uno de los principales valores del proyecto es que la tecnología ya está siendo probada a escala real.
La fachada está orientada al sur y ha llegado a alcanzar temperaturas cercanas a los 40 grados, siendo capaz de absorber entre un 6 y un 10 % de la radiación solar. Durante el invierno, el sistema también ha soportado temperaturas suficientemente bajas como para producir carámbanos sin impedir la supervivencia de las microalgas.
Después de aproximadamente año y medio de funcionamiento, otro de los avances destacados es su mantenimiento automatizado, concebido para que la gestión pueda resultar comparable a la de otros sistemas habituales de jardinería.
Esta característica resulta especialmente relevante para estudiar su futura aplicación en otros edificios y espacios urbanos.
De la experimentación a una nueva infraestructura arquitectónica
La publicación de ABC presenta el proyecto como un ejemplo de cómo la investigación puede modificar la propia función de los elementos constructivos.
La fachada deja de ser únicamente una separación entre interior y exterior para convertirse en una superficie capaz de capturar CO₂, producir biomasa, regular parcialmente la radiación solar y reutilizar recursos.
Tras años de investigación, la experiencia desarrollada en Alcorcón permite comprobar que la incorporación de organismos vivos a la arquitectura puede superar el ámbito puramente experimental y comenzar a ensayarse como una solución aplicable a edificios y ciudades reales.
El reportaje completo, firmado por Charo Barroso, puede consultarse en ABC:

